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iglesia y revolución en Nicaragua


Las siguientes líneas tienen por finalidad presentar brevemente dos situaciones ó momentos en la historia de las relaciones entre la iglesia y el movimiento revolucionario nicaragüense.

La elección de dicho tema se debe a que es la primera vez que se conoce (o se difunde ampliamente en Latino América) un masivo apoyo de sectores religiosos, y especialmente católicos, a un gobierno de éstas características, y aun más: una amplia participación de los mismos en los distintos niveles de decisión ahora y en la lucha insurreccional contra la dinastía de los Somoza

Estas características hacen de éste un tema interesante, porque se trata de un pueblo religioso, en su mayoría católicos, en el que conviven además protestantes y evangélicos, haciendo un 90% juntamente con sectas y religiones menores, todas las cuales gozan de las garantías proclamadas en la Constitución sancionada en noviembre del '86, en la cual además de invocarse a Dios se hace especial mención de la destacad aparticipación de los Cristianos en la formación del nuevo estado.

La iglesia católica es la que sé encuentra dividida, ó como suele decirse "hay dos iglesias", divididas no por cuestiones religiosas sino por diferencias políticas, las que se señalan a continuación.

Se presentan algunas reflexiones en relación al proceso de integración entre católicos y sandinistas. Luego se citan brevemente las diferencias entre los obispos católicos y las autoridades de gobierno, poniendo énfasis en los intentos de diálogo, ó en los pasos que se intentan dar para eso.

Finalmente se presentan algunos interrogantes que se plantean muchos católicos sobre el curso que seguirán los acontecimientos.

Se ha consultado la Bibliografía citada, que es ínfima en relación a los textos que se han publicado últimamente sobre dicho tema.

Solamente se hizo mención al aspecto político dejándose de lado prácticamente los aspectos estrictamente religiosos.

Un aspecto interesante de esto último lo constituyen el análisis de los actos litúrgicos; misas, celebraciones de la palabra, así como las procesiones y actos públicos.Este pueblo que (como lo percibe claramente la jerarquía de la iglesia católica) vive experiencias o situaciones en donde lo religioso está íntimamente unido con lo político, como por ejemplo el "Ayuno Profético" que realizara durante 40 días en junio-julio del'85 el P. Miguel D'Escoto, quien por dos meses prácticamente dejó su Ministerio de Relaciones Exteriores para dedicarse al ayuno, meditación y oraciones, no pudiendo por otra parte celebrar la Santa Misa, por obediencia al mandato o sanción que sobre él y los padres E. y F. Cardenal impuso el Vaticano.

También el "Vía Crucis por la Paz y la Vida" que recorrió el país en Semana Santa del '86, ó las celebraciones conjuntas que realizan católicos y protestantes son manifestaciones de una "nueva religiosidad" que resulta no de modificar la Fe, sino "de comprender la forma de vivir la Fe", como dijera el ministro del interior.

Los Católicos y demás Cristianos comprometidos de alguna manera con el proceso de reformas que vive el país reconocen la "Justicia Social" del gobierno; éste manifestó en los primeros documentos públicos que "los principios morales del Cristianismo son los principios morales de la revolución, aplicados al caso concreto de Nicaragua"; se trata el presente de un primer acercamiento al tema de la Religión y Sociedad en Nicaragua.

"Este Pueblo tiene hambre y sed de Dios" se puede leer en varias esquinas de Managua. La frase pertenece a Juan Pablo II y es interpretada muchas veces, como una leyenda que ciertos sectores de la jerarquía de la iglesia católica, opuestos al gobierno, han utilizado para publicitar una "persecución" a la iglesia.

Objetivamente, las relaciones no son buenas.

Los obispos católicos sienten que el FSLN ha hegemonizado a los distintos sectores (juventud, trabajadores, estudiantes, etc.) y ejerce sobre ellos un cierto "dominio".Ante esto manifiestan que se ha caído en el totalitarismo, que se anula la libertad de expresión y que se persigue a la iglesia.
Presentan para ello "pruebas", como la clausura de la "Radio Católica" y la prohibición de regresar al país a determinados obispos, hechos acaecidos en el año '86.

Cuando se produce la organización de los grupos armados, que desde Honduras y Costa Rica comienzan a infiltrarse en territorio nicaragüense, el gobierno que había eliminado la Guardia Nacional, debió crear el Servicio Militar Patriótico (S .M P.) con jóvenes entre 18 y 26 años. Se produjo entonces la primera oposición seria con la iglesia a la que siguieron otras de distinto nivel.

Los cristianos parecen "haberse acostumbrado" a esa situación, sin embargo las partes en conflicto buscan soluciones de diferente tipo. Otro rótulo dice: "El único Dios que tenemos es el Dios de los pobres". No está firmado, de manera tal que bien puede atribuírsele a católicos o a alguna de las 29 congregaciones protestantes o evangelistas existentes actualmente.

Para la gran mayoría de la población, el S .M .P. es una necesidad dolorosa pero se la entiende, como parte de la lucha por la sobrevivencia que están librando frente a una nación poderosa como los EE.UU.

Quizás por ahí pase la comprensión de por qué no se manifiestan públicamente a favor de las partes en conflicto sino que se "conforman" en hablar del Dios de los pobres., Ese es el Dios que reconocen la mayoría de los católicos nicaragüenses, "e lDios que suda en las calles, el Cristo embajador", letra de la Misa Campesina, la que al ser cantada por primera vez fue motivo de violenta represión en la década del '70, po rparte de la Guardia Nacional.
Situaciones como esas, hicieron que católicos y sandinistas trabajaran en conjunto, fenómeno que no apreció la jerarquía católica en los años 60-70, que luego toleró con el triunfo revolucionario y que ahora parece no querer aceptar.

Recientemente se produjo un nuevo incidente que se podrá evaluar en los próximos meses: el primer sacerdote asesinado desde el inicio de la guerra. Se trata de un Franciscano que habiendo trabajado 6 años con sus Superiores en Roma, y con ampliaexperiencia y conocimiento de la realidad Centroamericana, se encontraba atendiendo comunidades campesinas en el norte del país, cuando fue alcanzado por la explosión de
una mina de las que la contrarrevolución coloca en los caminos por donde transitan civiles de la zona.

El pueblo nicaragüense es testigo una vez más del silencio con que los obispos Católicos ignoran la noticia, actitud que el gobierno interpreta como síntoma de "complicidad" con dicho asesinato.

Acusaciones como éstas y situaciones como las descriptas tal vez se reiteren mientras exista el único real enemigo: la guerra, que como ha ocurrido muchas veces ,tiene su o-rigen en decisiones tomadas lejos del lugar donde se registran las víctimas.

Los aires renovadores de la iglesia, luego de Medellín, el aumento de la represión del régimen de Somoza con su cuota de miseria y muerte, sumado a las características del pueblo Nicaragüense: profundamente religioso y en su mayoría católico, son condiciones que permitieron la unidad de los católicos y los muchachos que se van incorporando a la lucha política y militar que encabezaba el Frente Sandinista.

Por ejemplo en Managua los estudiantes universitarios que se reúnen para conformarlos llamados "grupos de reflexión", donde se va gestando un sentimiento humanitario que terminará en compromiso político.

En la medida que se van incorporando a las actividades de promoción de los sectores humildes, la intuición de Carlos Fonseca, fundador del FSLN, descubre el potencial revolucionario que en los cristianos existe.

Las Comunidades Eclesiales de Base, en los sectores rurales, y por otro lado las más difundidas experiencias del poeta, actual ministro de cultura, P.E. Cardenal en la isla deSolentiname.

Del pueblo de Nicaragua se dice que es tremendamente desordenado y anárquico; esto lo supo la dirigencia sandinista y los sacerdotes que apoyaron al movimiento insurreccional desde un comienzo: Por lo tanto no sería a través de líneas políticas que se integrarían. Sólo el trabajo concreto los uniría. No sería a través de un acuerdo "desde las estructuras" ni de una "estrategia política", como se produciría la unidad, sino por la misma necesidad objetiva de salir de la injusta situación de miseria en que se encontraba la gran mayoría del país.

El trabajo conjunto fue acercando a los jóvenes con ideales de cambio. El tema de la "desconfianza mutua" estuvo presente desde un comienzo, y todavía hoy es utilizado como argumento por los círculos que se oponen a que los cristianos participen del proceso que se vive en el país.

El Cmte. Borge, sobreviviente de los fundadores del FSLN, escribió la histórica carta al P. Cardenal desde su celda, iniciando los primeros acercamientos; declaró que efectivamente "hubo una especie de utilización o instrumentalización de ciertos preceptos cristianos . . .": la dirigencia sandinista contempló la posibilidad que al darse el triunfo (aún en la época que éste se veía lejano), se cometieran "excesos por parte de los hasta entonces marginados".

Se supuso entonces que los Cristianos contribuirían a que se produjera el menor derramamiento de sangre posible. El humanismo pareció prevalecer con los mismos guardias somocistas: los que fueron encarcelados recibieron educación y se hallan integrados al sistema productivo a través de las cooperativas que fabrican ropa y calzado, así como juguetes y enseres domésticos; del mismo modo, otros trabajan en el sistema de "granjas abiertas", o en las tareas de reparación de cauces, puentes y calles que en Managua se dañan sistemáticamente con cada lluvia.

Por otra parte, la mayoría de los que abandonaron el país son los que dirigen con asesoramiento norteamericano, las bandas contrarrevolucionarias. La jerarquía católica siempre guardó silencio ante los atentados de dichos terroristas, por eso el gobierno manifestó en reiteradas oportunidades que ésta se encuentra en contra del pueblo.

Cuando J. Pablo II visitó Nicaragua, el país estaba llorando la muerte de 17jóvenes civiles asesinados por "los contras" mientras alfabetizaban en el norte. El pueblo católico congregado en la plaza pidió una oración por las víctimas, produciéndose entonces un extraño y lamentable episodio: Su-Santidad pidió silencio, cosa que no entendió el pueblo allí presente.

La política y la religión tal vez no alcancen a explicar lo que allí ocurrió, en ese "fenómeno sociológico" de miles de fíeles con su líder indiscutido con el que no se estableció la comunicación esperada.

El pueblo nicaragüense lo resumió en comentarios simples como "que él Papa no conocía lo que allí estaba pasando", o "que venía de una realidad muy distinta" y enel más atrevido de los casos se dijo que "estaba mal asesorado”.

Distinta es la crítica que se hace a los obispos nicaragüenses cuando éstos callan ante situaciones como las descriptas.

Es necesario crear situaciones que permitan recomponer las relaciones ya que no se trata simplemente de "integrar", sino que es necesario que haya "verdaderare conciliación", entre los obispos y los gobernantes nicaragüenses, con renuncia y comprensión por ambas partes.
El tema que parece preocupar a los mismos es cual es el "punto de encuentro posible"; o sea el "espacio que se puede compartir" sin que existan recelo o desconfianza.

Cristianos comprometidos y sandinistas eran perseguidos por igual en la dictaduras omocista. Actualmente la mayoría de los obispos son quienes se sientes perseguidos por el • nuevo gobierno, mientras éste a su vez acusa a las autoridades católicas de perseguir a los sacerdotes "progresistas", y de impedirles el libre trabajo.

Las acusaciones son mutuas, con argumentos que pueden ser válidos teniéndolos en cuenta "en forma aislada entre ellos", aunque, como en muchos casos, "la verdad" tal vez pueda encontrarse flexibilizando posiciones, buscando el diálogo, y pensando en el bienestar de las mayorías.
El tema central de la "reconciliación" es abordado en distintas oportunidades por las autoridades eclesiásticas nicaragüenses, así como desde el mismo Vaticano:

1) J. P. II, en carta a los obispos en junio del 82.
2) En el discurso del Papa en Managua, el 4 de marzo del '83.
3) El arzobispado de Nicaragua, en carta pastoral sobre el tema de la "reconciliación", en marzo del '84.
4) Carta Pastoral sobre la Eucaristía, en abril del '86.

Dicho tema necesita un análisis social, ya que se haya íntimamente unido alas luchas políticas del país: por ejemplo lo primero que se observa en la cronología citada es que la iglesia comienza a hablar de "reconciliación", cuando comienza a convertirse en el vocero de la oposición al gobierno, creando esto la reacción del Frente Sandinista, que entiende que la oposición debe hacerse a través de los canales establecidos en la legalidad constitucional de los 9 partidos representados en la Asamblea Nacional o Parlamento.

La oposición de los obispos católicos al gobierno comienza a partir que pasan a la oposición armada prominentes figuras de los sectores que habían compartido el poder con Somoza, alguno de los cuales formaron parte de la "Junta de Reconstrucción", o gobierno provisorio instaurado en 1979, y que gobernó el país hasta las elecciones del '84, tal es el caso del ex gerente de la embotelladora de gaseosa más conocida en el continente, de origen norteamericano, quien organizó la recepción y misa para el flamante Cardenal de Managua, en Miami, mientras los fieles lo esperaban en el país.
En 1979 la iglesia "admitió" que el pueblo apoyara la naciente revolución, reconociendo en documentos públicos "que la lucha fue teológicamente legítima"; el pueblo no puede entender que esa misma iglesia se oponga actualmente al servicio militar que deben prestar los jóvenes para defender el país.

Se trata de una contradicción grande páralos fieles. Los sectores de la "Iglesia Popular", por su parte se esfuerzan en profundizar y estudiar a la luz del evangelio las situaciones que se producen: ellos han manifestado que la actual etapa se trata de una continuación del conflicto por el cual derrotaron a la dictadura, y a partir de ésto es que debe entenderse el acercamiento entre las partes separadas.

La posición es que los ricos son los que deben ser "reconciliados", pero debe ésta reconciliación basarse en un acercamiento a ellos como "personas", pero cerrada a la explotación que los sectores populares vivieron durante años.

Debe ser "reconciliación en torno a Dios", encarnado en cada hermano. No reconocen la "Reconciliación en torno a los obispos", que se plantea desde las esferas eclesiásticas.

Los sectores de la iglesia popular más comprometidos con el proceso revolucionario, reconocen los logros y progresos obtenidos hasta la fecha, los que se alcanzaron con elevado costo de vidas. Entienden que la Reconciliación debe basarse en los puntos concretos sobre los que hay disidencias y esos temas son de índole política, no religiosa. No admiten una supuesta reconciliación donde los obispos se conviertan en "líderes religiosos", a su vez, el gobierno tiene su propia visión acerca de las relaciones estado-iglesia y las enmarca dentro de los llamados "diálogos" que mantiene con
distintos sectores representativos del país.

La actual etapa de diálogo entre el gobierno Sandinista y la jerarquía de la iglesia católica parece estar dando resultados positivos según declaraciones del delegado papal, figura clave en dicho diálogo. El Vaticano delegó funciones en el Nuncio, amplio conocedor dela realidad Centroamericana antes que en los obispos nicaragüenses, incluido el cardenal Obando, obispo de Managua. , Lentamente tiende a normalizarse una situación que alcanzara uno de los picos de más tensión en enero del '86, cuando la radio Católica fue clausurada por no integrarse a la cadena oficial durante la trasmisión del mensaje presidencial.

Unos meses antes, Monseñor Vega, obispo considerado "dialoguista", inicia conversaciones con autoridades Sandinistas. Poco duró dicho diálogo, para muchos observadores fueron producto de la conflictiva relación entre Vega y el obispo de Managua, esperando el primero en convertirse en el interlocutor ante el gobierno, e iniciar un "liderazgo" dentro de la iglesia nicaragüense. Independientemente de la relación entre los obispos, Vega declara en Honduras al regreso de una gira (que incluyó conferencias .y misas para dirigentes "contras" y con organismos vinculados a la CIA) que es "necesario el apoyo de los EE.UU para acabar con la dictadura prosoviética". El pueblo nicaragüense pudo ver a un obispo que declaraba públicamente su apoyo a la contrarrevolución.

A partir de entonces se le prohibió la permanencia en el país.

Los resultados del diálogo iniciado un año atrás aún no se pueden definir dado que en el mes de junio se produjeron nuevas situaciones que amenazaron con reiniciar el conflicto.

Implicados en el caso de la venta de armas a la contra (Irangate) declararon en EE.UU que la CIA entregaba periódicamente fondos de la iglesia nicaragüense. El tema fue tratado con discreción por parte del gobierno que no realizó declaraciones al respecto, permitiendo que el cardenal Obando y Bravo, se expresara públicamente en el periódico oficial del gobierno. Tal vez sea un indicio que las relaciones tienden a mejorar, aún con las dudas y contratiempos del caso.


En la "historia de desencuentros" que sintéticamente se ha comentado hay algo que casi se podría asegurar: las partes realmente buscan un acercamiento.
Saben que tienen muchas diferencias, pero tienen en común que "comparten" a todo un pueblo que vive una religiosidad muy particular, y que no encuentra contradicción entre su práctica cristiana y sus ideales religiosos; al contrario, es alentado desde publicaciones religiosas a participar de las tareas de movilización como las campañas de vacunación, los trabajos voluntarios para levantar la producción (cortes de algodón, de café, construcción de escuelas, asentamientos para niños refugiados de guerra, centros asistenciales, etc.) y también a participar de las necesarias tareas de defensa.

El país en guerra desde hace 7 años es la realidad que viven los cristianos nicaragüenses, y la pregunta que se plantean los cristianos comprometidos es si en esta etapa podrán encontrarse los "motivos", o las "zonas de acuerdos", para el entendimiento entre la jerarquía católica y el gobierno.
Si se logra el primer paso: superar la desconfianza mutua iniciando un acercamiento, resultará más interesante aún el estudio de las relaciones entre ellos, y servirá tal vez de ejemplo para otros pueblos de como se pueden compatibilizar un gobierno revolucionario que ha promovido la justicia social, y permitido las más amplias libertades de conciencia, aún en medio de la guerra que se vive.

El país vivió en la miseria y el atraso más escandalosos; hoy todavía se mira pobres en el mapa de Nicaragua.. Tal vez al ir superándose ésta, cuando se vean cubiertas las necesidades mínimas de las mayorías, cuando la guerra sea solo un triste recuerdo "entonces habrá tiempo para las disenciones filosóficas y teológicas con los hermanos cristianos . . .", como dijera el ministro del interior, Cmte. T. Borge.

De algo está seguro el pueblo de Nicaragua, y de eso intenta convencer el gobierno a la jerarquía católica: aún las "privaciones, o recortes a la libertad que ésta pudiera sentir, se entienden dentro de la urgencia de la situación, donde la consigna no es religiosa, ni política, sino "humanista", ya que la meta de la población es te Paz, y la lucha actual es por la sobrevivencia.


BIBLIOGRAFÍA

Tomás Borge: "El Axioma de la Esperanza". Editorial Nueva Nicaragua Margaret
Randall: "Cristianismo y Revolución". Edit. Nueva Nicaragua, Fe Cristiana y
Revolución Sandinista en Nicaragua". Comisión Evangélica Latinoamericana
Sandinismo: Documentos Básicos". Instituto de Estudios del Sandinismo
Constitución Nacional", Texto aprobado en 1986
Revistas: : "Amanecer" y "Cuadernos de Sociología"
Sergio Bertini: Religión et société au Nicaragua:

Religión y Sociedad en Nicaragua: Relaciones entre la Iglesia Católica y el Movimiento Sandinista

Las relaciones entre la Iglesia Católica y el Sandinismo han pasado por dos momentos diferentes. La colaboración de militantes católicos fue un factor importante para el triunfo revolucionario, y la Iglesia apoyó el comienzo del Nuevo Orden. Pero el radicalismo de los cambios sociales afectó a miembros de la Iglesia que se transformaron en opositores. Además el desarrollo de organizaciones sandinistas entró en competencia con las que había tradicionalmente sostenido la Iglesia en el terreno sindical, juventud, etc. Posteriormente, el comienzo del ataque militar por los ,,contras" mostró a la Iglesia dividida y a un sector que criticó duramente al sandinismo por el tema del servicio militar. Hubo también limitaciones a la libertad de expresión que alcanzaron a la prensa y radio católicas. La división entre la "Iglesia del pueblo” y la que respondió a la jerarquía fue otro factor de tensión en un creciente conflicto. El trabajo se centra en el clima de 1986 que fue el momento más álgido de la crisis. El autor señala la artificialidad e inutilidad de ese conflicto. Posteriormente, y por iniciativa vaticana y la presión un pueblo de gran sensibilidad religiosa ha comenzado un proceso de”reconciliación”.


Artículo rescatado de Sergio Bertini en http://www.ceil-piette.gov.ar/docpub/revistas/sociedadyreligion/sr05/sr05bertini.pdf

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